Medir el tiempo, tempus fugit

En este blog alguna vez teníamos que hablar de uno de los instrumentos más importantes creados por el hombre, aquel que nos sirve para medir esa cosa tan escurridiza que es el tiempo. Bueno, escurridiza unas veces, como cuando estás de vacaciones, y en cambio en otras ocasiones se nos eterniza: ¿a quién no se le han hecho interminables los minutos cuando esperas algo muy deseado? Pues ahí están los relojes para recordarnos que, a pesar de nuestra percepción,  un minuto tiene siempre 60 segundos.

Y es que poder contar el tiempo ha sido siempre una aspiración de la Humanidad y desde la antigüedad existieron sistemas para hacerlo, aunque la precisión fue algo que se consiguió no hace tanto. No hace falta decir lo importantes que son los relojes en nuestros tiempos: toda nuestra tecnología necesita de ellos y nuestras vidas están acompañadas, y también un tanto esclavizadas, por estos instrumentos. Sin relojes precisos no podría haber ni satélites, ni móviles ni casi nada de lo que usamos cada día.

Reloj de sol portátil del siglo XVII

Reloj de sol portátil del siglo XVII con brújula

En la Antigüedad se habían inventado ya los relojes de sol, que se basan en el distinto ángulo que forma la sombra de un objeto al ir el sol moviéndose por el cielo a lo largo del día, pero por supuesto , no podían ser muy precisos. Parece ser que llegaron a Occidente procedentes de Egipto , donde la astronomía y la matemática tenían un gran desarrollo. pero tenían sobre todo un problema, y es que, lógicamente, no funcionaban de noche, así que fueron también los egipcios  los que inventarían los relojes de agua o clepsidras. Se trataba de un mecanismo en el que un fluido sale de un recipiente a una velocidad prefijada, pudiendo tener una manecilla que va indicando el paso del tiempo en una escala conforme el nivel del líquido desciende. Este tipo de reloj fue muy popular y se usó en Atenas por ejemplo para medir el tiempo que tenían para hablar los oradores. Sencillo y eficaz, sería utilizado durante muchos siglos y en el otro lado del mundo, los chinos tenían mecanismos similares, en los que en algunos casos, el agua que fluía hacía moverse unas figurillas o autómatas que señalaban la hora.

Esquema de una clepsidra

Esquema de una clepsidra

El reloj de arena se basaba en el mismo principio y se desarrolló cuando se perfeccionó la técnica del soplado del vidrio. También serían utilizados durante cientos de años, aunque la precisión máxima que se podía conseguir era de un cuarto de hora.

Otro sistema eran los relojes de fuego: una simple vela con marcas a lo largo, que informaba del tiempo pasado según se iba consumiendo servía para medir el tiempo por las noches, sistema que se uso hasta bien entrado el siglo XV.

Es en la baja Edad Media cuando aparecen los primeros relojes mecánicos, que se basan en ruedas dentadas y pesos que se deslizan de manera más o menos uniforme, señalando la hora (no tenían aguja de minutos) en una esfera graduada. Son de gran tamaño y ocupan toda una habitación, por lo que suelen estar instalados en las torres de las iglesias y conectados a una campana para que todo el pueblo supiese la hora. Uno de los más antiguos es el de la catedral de Barcelona, del año 1393. Es posible que os hayáis fijado que en las esferas de los relojes de pared suele poner “Tempus Fugit”, que viene de un verso de Virgilio y en latín significa “el tiempo vuela”. Es una antigua costumbre para recordarnos lo efímero de nuestras vidas y motivarnos a aprovecharlas al máximo.

Reloj de 1910 en Yorkshire

Reloj de 1910 en Yorkshire

 

Pero seguíamos sin tener precisión: la dificultad  estaba en conseguir que algo se moviese de una manera rítmica y constante y poder dividir y señalar fracciones de ese movimiento. Galileo Galilei fue el primero en intuir que esto se podría conseguir con un péndulo: efectivamente, un péndulo se mueve de manera constante. Si se conseguía hacer que algo le comunicase fuerza para hacer que se moviera sin detenerse, pero manteniendo la constancia de ese oscilamiento, solamente haría falta añadir a esto un mecanismo que hiciese una lectura del tiempo transcurrido. La incorporación del péndulo hizo que los relojes saltaran hacia una medición más exacta y, después, con la introducción de un muelle oscilante espiral, la industria relojera se fue desarrollando hasta conseguir que lo que antes ocupaba una habitación, ahora cupiese en la palma de la mano: apareció el reloj de bolsillo que medía horas, minutos y segundos.

Patek-Philippe de 1852 de oro esmaltado

Patek-Philippe de 1852 de oro esmaltado

En esto debemos mucho a los suizos: como el calvinismo había prohibido las joyas y toda ostentación de riqueza, los orfebres se estaban muriendo de hambre. Pero si eres un tipo que lo que se te da bien es  trabajar con las manos de manera minuciosa, con cosas pequeñas, ¿qué otra cosa puedes fabricar?  Pues claro, relojes. Esa fue la salida profesional para los joyeros suizos y el inicio de una verdadera industria nacional. A partir del siglo XVII cada vez hicieron relojes más precisos, más pequeños y que además ya medían décimas de segundo, tenían calendario, y mil gadgets más.

El reloj de pulsera llegaría en 1903 cuando el piloto Alberto Santos-Dumont le pidió a su amigo Cartier que le hiciese uno, ya que en la cabina del avión era complicado sacarse el reloj del bolsillo.

El primer reloj de pulsera, un Cartier "Santos" de 1900

El primer reloj de pulsera, un Cartier “Santos” de 1903

Ya en nuestros días, se ha conseguido que un reloj de 10 euros tenga una increíble precisión gracias al desarrollo de la máquina de cuarzo: se basa en que una corriente eléctrica que atraviesa un trozo de cuarzo produce una pulsación rítmica constante que vendría a ser como el péndulo de este tipo de relojes, pero con mucha más exactitud y ocupando apenas el tamaño de una monedita.

Volviendo al pasado, a partir del siglo XVIII, muchas veces los relojes, al mismo tiempo que eran complicadas máquinas llenas de mil piezas hechas a mano, se convirtieron rápidamente en un complemento y eran también espectaculares joyas ,de oro, con esmaltes, piedras preciosas…Y quizás uno de los relojes más famosos y con una leyenda más bonita sea el que Breguet construyó para María Antonieta.

María Antonieta, una habitual de este blog

María Antonieta, una habitual de este blog

Breguet era un genio relojero y el favorito de la reina. Gracias a esto, realizaba encargos para toda la corte y también para reyes de otros países. Pues bien, en 1783, Breguet recibió el encargo de hacer para la reina un nuevo reloj, que debía ser la pieza más fascinante y complicada del mundo. No se le puso límite de tiempo ni de dinero, así que el maestro se puso a diseñar y fabricar minuciosamente la maquinaria más compleja de su tiempo. Pero en 1789 estalló la Revolución y a María Antonieta se le acabaron las alegrías, los caprichos y hasta la salud: fue decapitada y nunca llegó a ver terminado su reloj.

Pero curiosamente, Breguet siguió trabajando en el proyecto y lo terminó muchos años después de la muerte de la reina, llamándolo “Reloj Nº 160, Marie-Antoniette” y lo guardó con mucho celo, como una muestra de lealtad a la que había sido su mentora. Este reloj ha llegado hasta nuestros días y ha tenido una accidentada vida, ya que pasó a manos de un coleccionista judío que lo donó a un museo de Jerusalén, del que fue robado en 1983. Estuvo desaparecido hasta el 2006, cuando fue recuperado  y vuelto a exponer en el Museo Mayer Memorial de Jerusalén. Es una pieza impresionante: está hecho de oro y con cristal de roca por ambas caras que permiten ver la maquinaria, que además de la hora, tiene segundero, calendario perpétuo, termómetro y sistema antichoque, ¡todo hecho a mano hace 200 años!

El 160 de Breguet

El 160 de Breguet

Hoy en día Breguet y otras casas relojeras suizas, alemanas, francesas y también japonesas, siguen fabricando relojes mecánicos de manera manual, que son una muestra del llamado, muy merecidamente, arte relojero (eso si, sólo aptos para bolsillos bien surtidos)

Por cierto que hay un mecanismo antiguo que me llama mucho la atención y que los científicos y arqueólogos no saben muy bien cómo clasificar: es el mecanismo de Anticitera. Esta extraña “cosa” fue encontrada por un pescador en las aguas de la isla griega de Anticitera en 1900 y en el acto dejó boquiabierta a la comunidad científica. Se ha datado alrededor del 200 A.C. y es un caso único entre los hallazgos arqueológicos, ya que nunca se se había pensado que los griegos de hace 2000 años tuviesen los conocimientos para construir algo semejante. Consta de 32 engranajes de bronce y se cree que podría ser un reloj que predijese eclipses y posiciones astronómicas. Lo más increíble es que hay que irse hasta el siglo XIV para encontrar algo parecido, lo cual significaría que los conocimientos para fabricarlo que los griegos tenían, se habrían perdido por completo durante más de 1700 años…

El misterioso Mecanismo de Anticitera

El misterioso Mecanismo de Anticitera

 

Tip Tendencias: ¿Qué es lo que se lleva ahora mismo en relojería? Pues después de unos años en los que se impuso el reloj de calibre grande, parece que de un par de años a esta parte, vuelve el reloj vintage, de tamaño pequeño, sobre todo para mujer. Ahora mismo, y posiblemente durante un tiempo todavía, conviven las dos tendencias, pero está claro que los fabricantes apuestan por un retorno al pasado. También en las maquinarias se está viendo mucho la vuelta a los mecanismos de cuerda o automáticos, en detrimento del reloj de batería. Son muchas las casas relojeras que están sacando relojes de este tipo, frecuentemente con esferas transparentes o “esqueleto” para que podamos quedarnos hipnotizados viendo el funcionamiento de todas esa ruedas dentadas y muelles que miden nuestro tiempo.

Pero recordad que lo mejor es siempre disfrutar el tiempo en lugar de dedicarnos a medirlo, porque tempus fugit, así que, carpe diem! 🙂

 

 

 

 

 

 

 

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