Las Joyas de Roma y la Rebelión de la Patricias

Cuando hablamos de la historia de las joyas, no podemos dejar de acercarnos a una de las culturas más avanzadas del mundo antiguo, de la cual somos todos herederos en tantas cosas. Roma alcanzó un impresionante desarrollo a lo largo de su historia, llegando a ser la potencia más poderosa del mediterráneo, gracias a su poder militar y también a su capacidad de gestión, sus construcciones, comunicaciones y leyes.

Una de esas cosas que nos legaron fue el latín, del cual proceden el castellano, el gallego y el catalán, entre otras lenguas. Y ¿a que no sabéis dónde está el escrito más antiguo que se conserva en latín? Pues en una joya del siglo VII a.C., la Fíbula de Preneste. Una fíbula era una hebilla o aguja para sujetar la capa y  frecuentemente eran hermosas obras de orfebrería. El texto que está grabado en esta, que podéis ver en la foto, dice: “Manio me hizo para Numerio” , en latín antiguo, ligeramente diferente del clásico. El texto puede significar que Manio era el artesano que hizo la pieza o bien, que el tal Manio la encargó para Numerio. Ya veis que como decía hace unos días , las joyas pueden ser auténticos documentos históricos.

 

Fíbula de Preneste, el texto latino más antiguo

Fíbula de Preneste, el texto latino más antiguo

 

A los romanos les encantaban las joyas y su uso estaba muy extendido: de materiales sencillos como el hierro entre las clases trabajadoras, o de oro y piedras preciosas para los patricios y las clases altas. Las patricias tenían unas sirvientas llamadas ornatrices, que se ocupaban solamente de ponerles las joyas cada día.

Además de las joyas funcionales , como las hebillas, usaban anillos, pendientes, collares y diademas. Nuestra costumbre actual de usar alianzas de matrimonio se lo debemos a ellos, ya que procede del rito romano del matrimonio por el que el hombre entregaba a su esposa un anillo con sello, como muestra de que ella era, a partir de ese momento, dueña de sus pertenencias.

Su mentalidad práctica les llevó a adoptar todo aquello que les parecía útil, eficiente o bonito de las culturas que absorbían: así lo hicieron con el teatro y la literatura griegos por ejemplo, con ritos religiosos egipcios  y también con las joyas, que es lo nuestro. Uno de las cosas que copiaron también a los griegos fueron los pendientes que cuelgan, en concreto el modelo llamado “crotalia” que tintineaban al moverse (viene de crótalo, que es como una castañuela y por cierto, también se llama así la serpiente de cascabel por el sonido que emite con su cola) Los crotalia se hacían con bolitas de ágata, perlas o con la piedra que el cliente se pudiera permitir.

Pendientes crotalia, encontrados en Pompeya

Pendientes crotalia, encontrados en Pompeya

Destacaron mucho también en el arte de la glíptica, que es el tallado de retratos o escenas diversas como miniaturas en piedras y camafeos, también llamado intaglio, llegando a unas altas cotas de refinamiento. En los museos Capitolinos de Roma, hay toda una sala dedicada exclusivamente a estas piezas que son  completamente escultóricas y absolutamente asombrosas.

Ejemplo de glíptica, un increíble camafeo

Ejemplo de glíptica, un increíble camafeo

Había una joya casi obligatoria para los niños romanos: la bulla (pronunciado “bula”), de origen etrusco. Eran muy supersticiosos y creían con fervor en determinados signos. Si había tormenta, mal presagio. Si veías a un pájaro caer al suelo, mal presagio. Si soñabas con ratones, mal presagio…Debía ser bastante latoso, la verdad. Por cierto, que la costumbre entre los recién casados de que el marido lleve en brazos a la novia al entrar en la casa la noche de bodas, viene también del rito matrimonial romano: lo hacían porque creían que si la novia tropezaba al entrar…muy mal presagio.

Bueno, como os decía, a los 8 días de nacer un niño, se le daba un nombre y se le colgaba una cápsula, de oro si eran de posición social alta, con una mezcla de hierbas en su interior que funcionarían como amuleto protector contra envidias, males de ojo, etc. Esta joya , llamada bulla, era generalmente redonda o con forma de corazón e incluso con forma fálica y sería llevada por los niños hasta los 16 años, edad en la que abandonaban la adolescencia. Entonces, dejaban de usar la bulla y la toga praetexta, para pasar a llevar la toga viril y convertirse en hombre adultos. Guardaban la bulla con sumo cuidado, la consagraban a sus dioses lares y se la volvían a poner en grandes ocasiones, como por ejemplo, un desfile triunfal si llegaban a ser generales victoriosos, momento en el que había que estar de nuevo a salvo de las envidias.

Bulla de oro romana, que llevaba hierbas aromáticas

Bulla de oro romana, que llevaba hierbas aromáticas

La costumbre de la bulla ha desaparecido hoy en día, pero pervive otra no menos antigua: es común en España que al recién nacido se le cuelgue, bien de una cadena o de una pulserita, otro amuleto de origen romano: la higa. La higa es un puño cerrado del que sobresale el pulgar entre índice y el corazón, que era el gesto que hacían los romanos para alejar el mal de ojo. En Galicia se llama figa y hoy en día sigue siendo muy popular  (también espanta  “meigas”)

higa de bronce del siglo I d.C.

higa de bronce del siglo I d.C.

Pero el acontecimiento más curioso relacionado con las joyas, fue sin duda la controversia que se generó por la ley Oppia. Quizás nos hallamos ante una de las primeras rebeliones femeninas documentadas de la historia, así que vamos a ver lo que sucedió.

Resulta que Roma en el año 215 a.C. se hallaba en guerra con Cartago en la II Guerra Púnica y esto estaba acarreando un grave empobrecimiento de la población. La invasión de la península por parte de Aníbal y sus elefantes, puso en jaque al Imperio Romano, que llegó a ver muy cerca su fin. Habia escasez de alimentos y , como suele pasar, quienes más los sufrían eran las capas más humildes de la sociedad. Para evitar que la gente de la calle se sintiera ofendida al contemplar el lujo que los ricos mostraban, se promulgó en el Senado la Lex Oppia, que prohibía la ostentación de la riqueza en lugares públicos y parece ser que la medida fue acatada en general sin grandes problemas.

 

Pero en el año 195 a.C., la situación había cambiado gracias a la victoria militar de Escipión sobre Aníbal. Ahora Roma volvía a ser rica, los botines de guerra entraban a raudales y se vivía un auténtica bonanza. Sin embargo, la ley Oppia no se derogaba, ya que en el Senado había una facción que defendía permanecer en la austeridad. Este grupo, muy poderoso, estaba liderado por el senador Catón, un hombre de reputación intachable, muy recto, conservador y parece que tremendamente aburrido. Defendía el rigor en las costumbres y ritos religiosos, el imitar a los gloriosos antepasados en su austeridad, en evitar el derroche y la ostentación, la moderación en las celebraciones…

Pulsera de oro hecha por mi, con un denario de Faustina, la mujer de Marco Aurelio

Pulsera de oro hecha por mi, con un denario auténtico de Faustina, la mujer de Marco Aurelio al que dio 13 hijos!

Las patricias y otras ricas romanas, habían aguantado sin rechistar durante la guerra, pero no estaban dispuestas a permitir que les impusieran esas restricciones ahora que las cosas volvían a la normalidad, así que empezaron a sulfurarse y protestar. Pero la sociedad romana era profundamente tradicional y machista, las protestas de las mujeres fueron despreciadas entre risas. En aquella época, el papel de la mujer, aunque fuese adinerada, estaba reducido a tener muchos hijos y ser buena esposa. Se esperaba de ella que fuese obediente y sumisa.

El día que se votaba en le senado la permanencia de la ley, ocurrió un hecho que dejó boquiabiertos a los hombres de Roma. Un gran grupo de mujeres se concentraron delante de las casas de los senadores  haciendo lo que hoy llamamos un “escrache”  e impidiendo a éstos salir hacia el senado. El escándalo fue tremendo: Catón dijo que si se dejaba a las mujeres decir sus opiniones, los hombres perderían su libertad y también (cita de Tito Livio): “desde el momento que permitamos que sean iguales, serán superiores”. El asunto llevó a grandes discusiones en el Senado, muchos decían que había que meterlas en cintura, otros se dolían de tener una situación doméstica insoportable por culpa de la polémica. La cuestión es que al final,  el senado se rindió, las mujeres se salieron con la suya y la ley Oppia fue derogada.

Quizás hoy en día nos parezca banal el motivo por el que las mujeres ser rebelaron si lo comparamos con las movilizaciones de otros momentos de la historia, en las que las mujeres lograron derechos fundamentales, como el voto. Pero si pensamos que en Roma el “pater familias”,es decir el marido, tenía incluso derecho legal a matar a su esposa si ésta le desobedecía y que estas mujeres desafiaron a toda autoridad para que nadie les dijese cómo tenían que vestirse, la cosa tiene su mérito. Lo importante no es el motivo, sino el hecho de que se armaran de valor y se unieran para que nadie las sometiera a una imposición más.

Y ya que hablamos de Roma y de joyas, no me resisto a enseñaros algunas más de las ultimas piezas que he hecho. En esta colección, utilizo monedas y antigüedades genuinas y certificadas para hacer joyas con ellas para que la persona que las lleve, pueda poseer un trocito de historia. Se trata siempre de piezas únicas ya que no hay dos iguales y las hago respetando la moneda en su forma original. Cada una nos lleva a una época, nos hace pensar en los acontecimientos de los que habrá sido testigo… no todos los días tiene uno en la mano un objeto de 2000 años de antigüedad. ¡Ya me contaréis si os gustan!

Podéis verlas todas aquí: http://www.joyeriafgallego.com/joyas/coleccion-antiques

Foro del encabezamiento: retrato sobre madera  mortuorio de una mujer de Al Fayum, colonia romana,  hecho para decorar su momia (siglo II d.C)

 

Anillo con moneda de cobre de Constantino , de 1700 años de antigüedad

Anillo con moneda de cobre de Constantino , de 1700 años de antigüedad

Pulsera de cuero y oro con moneda de Constancio, el hijo del anterior

Pulsera de cuero y oro con moneda de Constancio, el hijo del anterior

Gargantila con denario del emperador Caracalla, del año 211 dC.

Gargantila con denario del emperador Caracalla, del año 211 dC.

Pulsera con moneda del emperador Antonio, del año 153 dC.

Pulsera con moneda del emperador Antonio, del año 153 dC.

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Pulsera con denario del emperador Antonio, del año 153 dC.

 

 

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