Cómo elegir un diamante

Ya hemos hablado otras veces de los diamantes, como cuando tratamos el tema del Hope, el diamante maldito, pero hoy vamos a acercarnos a esta gema desde una perspectiva más técnica y sabremos el porqué de su fama y valor desde la antigüedad hasta nuestros días. Su nombre viene del griego antiguo adamas , que significa indomable, invencible, por lo que se hace ver que su dureza y su inalterabilidad a lo largo del tiempo eran ya bien conocidas, pero ha sido su belleza  y brillo lo que ha fascinado al ser humano desde siempre.

Daremos también unos consejos útiles a la hora de comprar, ya que debido a la complejidad de determinados términos, no siempre es fácil saber si estamos adquiriendo una buena piedra. Intentaré que las explicaciones sean sencillas y nada engorrosas para que cuando lleguéis al final del artículo, tengáis una idea de los principales aspectos a tener en cuenta.

 

Diamante en bruto recién salido de lamina

Diamante en bruto recién salido de la mina

¿Qué es un diamante? Pues nada más que carbono cristalizado: sí, carbono como el carbón de las barbacoas, pero sometido en las entrañas de la Tierra a enormes presiones y temperaturas durante millones de años, lo cual hace que el simple carbono se cristalice de una manera muy especial. Esto ocurre a 150 kilómetros de profundidad en el manto terrestre, pero en algunos lugares del planeta como en Sudáfrica, violentas erupciones volcánicas llevaron estos materiales cerca de la superficie y es donde la minería los puede extraer.

Tan especial es la forma en la que se cristalizó ese carbono que el diamante tiene algunas cualidades únicas entre todos los minerales. Todos hemos escuchado que es el más duro de los materiales, y así es, pero hay que aclarar que esto se refiere a su dureza al rayado. ¡No le deis un martillazo a vuestro diamante porque se romperá! Su dureza al rayado hace que se pueda usar todos los días montado en un anillo y no se desgaste ni se raye con los años, lo que lo ha convertido en el regalo de compromiso por excelencia, dada su carga simbólica.

El Millenium Star, incoloro, de 203 quilates, valorado en 160 millones, ahí es nada...

El Millenium Star, incoloro, de 203 quilates, valorado en 160 millones, ahí es nada…

Sus cualidades ópticas son excepcionales, su estructura cristalina hace que refracte la luz de una manera espectacular y por esto es la piedra más valorada estéticamente: nada brilla como un diamante.

Pero vamos al tema importante para el consumidor ¿En que debo fijarme a la hora de comprar una joya con diamantes? Es esencial tener en cuenta cuatro factores. Los ingleses le llaman “las cuatro C” porque son: Cut, Colour, Carat y Clarity. Traducido significa talla, color, peso y pureza: veamos qué significan.

Talla:Se refiere a la calidad de la talla, ya que todos los trabajos pueden hacerse mejor o peor. Otra cosa son las formas que se le pueden dar (lágrima, princesa, brillante, corazón…) Por cierto, una de las confusiones más habituales en pensar que diamantes y brillantes son dos piedras diferentes. No es así: los brillantes son diamantes tallados en la forma más popular, la redonda con un número de facetas determinado.

Color: Se valora casi siempre (salvo que sea una piedra muy especial) que el diamante sea blanco puro, que no tenga ninguna tonalidad. Si cuando lo pones sobre un folio, ves que tiene un tono amarillo, entonces no es muy bueno. Otra cosa son los diamantes de colores, que pueden ser azules, rojos…

Peso: El peso se mide en quilates. Lógicamente, cuanto más quilates, más grande es y por lo tanto ,más caro.

Pureza: Se refiere a las impurezas o manchas (muchas veces de carbono sin cristalizar) que pueda haber dentro de la piedra y que le van a restar belleza y valor.

Solitario diseñado por este que os habla, con un brillante G-VS1 de 0,80 quilates

Solitario diseñado por este que os habla, con un brillante G-VS1 de 0,80 quilates

¿Y ahora que hacemos con este rollo? Para facilitar las cosas, se han creado una serie de normas internacionales para clasificar los diamantes, porque estos cuatro factores hay que cruzarlos unos con otros. Esto es muy importante porque significa que un diamante grande puede ser de menos valor que uno más pequeño, si éste es de mayor pureza y mejor color.

Pongamos un caso práctico: veis en una joyería un buen anillo con un diamante de medio quilate por 3500 euros  y luego veis otro también de medio quilate por 2000 euros. Suponiendo que las monturas son similares, la diferencia va a estar en la calidad de la piedra.

Por lo general , vamos a dar por sentado que la talla es buena en casi todas las piedras que hay en las joyerías, por lo que este factor lo podemos dejar a un lado.Una vez que hayáis elegido un tamaño vais a tener que fijaros en la pureza  y el color para hacer una buena elección. Cuando le preguntéis al joyero por qué dos del mismo tamaño son de tan diferente precio, éste os va explicar que se debe a la calidad y posiblemente os diga, por ejemplo, que uno es de categoría G-VS1  y el otro es I-VS2 ¿Pero cómo se interpreta esto? No os asustéis que es más fácil de lo que parece.

El color se mide con una escala de letras que van de la D a la Z, donde la D significa “incoloro excepcional” y la Z sería un diamante amarillo, con todos los grados intermedios, como veis en la tabla:

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La pureza se mide con esta otra escala, que va de IF (internal flawless), es decir sin impurezas, hasta la P (piqué) , que significa que tiene impurezas a simple vista. Los grados intermedios, como VS1, significan que las inclusiones son muy pequeñas y sólo visibles con lupa:

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Como decía, estos factores se cruzan: hay piedras F-VS1, G-IF, H-SI1….Es decir, que hay diamantes que combinan un color blanco estupendo pero tienen impurezas, otras que están limpias por dentro pero son amarillentas y otras que tienen buen color y  pocas o ninguna impureza.

Pero aun conociendo esta escala, ¿cómo sé si un diamante es “bueno”? Por lo general, los buenos se van a mover del centro de las dos tablas hacia arriba. Podemos decir que F, G  y H para el color y que VS1 a SI para la pureza, son más que aceptables porque, aunque no sean el máximo de las tablas, un diamante que esté en esas categorías va a ser muy bonito, sólo un experto podría diferenciarlo de un D-IF.

Y ¿cuánto cuesta un diamante? Pues según el tamaño y la calidad, puede haberlos de todos los precios, de 100 euros , de 500, o de 2000, desde sólo 40 euros los pequeños de 2 mm de diámetro, hasta los grandotes de 200.000 euros…

Estos pendientes los hice con oro rosa y un pavé de brillantes

Estos pendientes los hice con oro rosa y un pavé de brillantes pequeños

Personalmente a mis clientes siempre les recomiendo que escojan una buena calidad antes que dejarse seducir únicamente por el tamaño: dentro del presupuesto que tengáis es mejor un diamante bonito, limpio y de buen color que uno más grande pero amarillento y con impurezas. Sí, ya sé que el más grande “se ve más” pero creo que en la vida hay que elegir siempre calidad antes que cantidad.

Para terminar, la mejor recomendación que os puedo hacer es que siempre consultéis con vuestro joyero de confianza, él os aconsejará bien y os aclarará vuestras dudas sobre el terreno.

Ah! Y ahora que estamos cerca de las Navidades, si los Reyes Magos os traen carbón, que sea carbón cristalizado!

 

 

 

 

 

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